Y no vivieron felices para siempre

2022-03-29T14:52:32-05:00Artículos de Interés|

¿Recuerdan los cuentos que nos gustaban cuando éramos niños?

Los príncipes y princesas que luchaban por su amor real, vencían todos los obstáculos y luego, increíblemente, vivían felices por siempre nos llenaron de sueños y esperanzas, pero también nos hicieron daño pues muchos nos quedamos con una falsa idea de lo que es o debe ser esa felicidad en un matrimonio. Lo cierto es que la vida no es un cuento de hadas, aunque los monstruos sí pueden ser muy reales y en ocasiones parece que la única manera de deshacernos de ellos es una puerta de salida llamada divorcio.

Siempre he dicho que el divorcio no debe formar parte del vocabulario ni las opciones de una pareja que toma la decisión de casarse; sin embargo, y por muy contradictorio que esto parezca, también pienso que, cuando se han agotado los recursos para preservar la relación, sí existe tal cosa como una separación sana, y es importante que seamos capaces de saber en qué momento y cómo llegar a ella.

Lo primero que debemos tener claro es que todas las parejas atraviesan crisis que las pueden hacer tambalearse y sentir que es hora de abandonar el barco, que esto no es lo que querían, que la persona que tienen a su lado ya no es la misma, que las presiones económicas los abruman, que las enfermedades físicas y mentales son mucho más de lo que pueden manejar, en fin, la lista es muy larga y en cualquiera de estos momento es importante detenerse a pensar si estamos dispuestos y tenemos la energía para salvar la relación o si hemos llegado al punto en que lo que realmente queremos o necesitamos es separarnos.

Es de suponer que mi consejo ante la gran pregunta sobre si seguir o separase siempre será seguir, pero no a ciegas y no con la idea de “a ver qué pasa”. Esto es algo en lo que ambos deben estar de acuerdo y apoyarse, buscando la ayuda necesaria y adoptando una verdadera actitud de cambio y compromiso que los ayude a reencontrarse, fortalecer su relación y convertirse en esa pareja feliz que tanto desean, no necesariamente para siempre, pero sí la mayoría del tiempo.

En caso contrario, cuando el acuerdo es divorciarse, y hacerlo bien, hay algunos pasos a seguir:

  1. Decisión de divorciarse: en este momento aceptamos que nos somos capaces de resolver los problemas de pareja y continuar la relación. Cada miembro de la pareja debe aceptar su parte de la responsabilidad en la terminación de esta relación.
  2. Planear la ruptura: esta etapa conlleva mucha madurez y sentido de cooperación. Ambos deben buscar alternativas que sean viables para todos los miembros de la familia, afrontar los cambios y posibles conflictos que esto conlleva y llegar a acuerdos respecto a finanzas. Las parejas con hijos deberán plantear horarios de visitas, relaciones con familias extendidas, métodos de disciplina y cómo será la relación de padres separados.
  3. Separación: este es el momento en que todo se vuelve más real y es hora de hacer el duelo por la familia intacta, reestructura las relaciones padres/hijos incluyendo las familias extendidas (abuelos, primos, tios) y adaptarse a vivir solo. Es fundamental mantener los límites claros para evitar confundirnos nosotros mismos y, más importante aún, a los hijos.
  4. Divorcio: este es el paso definitivo, en el que debemos continuar el trabajo de reencontrarnos con nosotros mismos, plantearnos nuevas metas a nivel personal y profesional y hacer el proceso de volver a creer en la posibilidad de entablar una relación si así lo deseamos; superando todos los sentimientos de angustia y culpa y dejando atrás cualquier posible fantasía de reconciliación. Esta etapa nos presenta tareas importantes como mantener brindar apoyo a los hijos frente al duelo de la familia y ayudarlos a mantener las relaciones con su familia extendida.

Cada proceso es diferente y estos pasos son únicamente guías para intentar hacerlo de la manera más sana posible, recordando que el divorcio no es una palabra sucia, ni un fracaso, ni mucho menos una sentencia de amargura crónica para nosotros y nuestros hijos, es simplemente otra manera de escribir la historia y, con un esfuerzo adicional, llegar a un final feliz diferente.

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