Rabietas y Berrinches

2020-10-28T21:17:43-05:00Desarrollo del niño, Niños|

Los berrinches o rabietas son la forma que utilizan los niños para expresar sus emociones en forma de gritos y llanto constante.

Las rabietas de los bebés son motivadas por la frustración de no poder lograr algo o cuando los adultos no los entienden ya que su lenguaje es aún inmaduro.  Por otro, lado esta, el deseo de independencia del niño porque choca con los límites que establecemos los padres.

Esto no es más que un montón de emociones que los niños pequeños están tratando de expresar y canalizar.  Para un niño de esa edad todo es nuevo y a medida que exploran e interactúan con el mundo descubren sentimientos que no saben cómo controlar. Su cerebro aún está en desarrollo, en una etapa que se conoce como “del segundo cerebro o cerebro límbico” que nos permite sentir, desear y emocionarnos.

Es muy importante saber manejar estas primeras manifestaciones de la frustración del bebé y el tipo de relaciones familiares, ya que esto condicionará que las rabietas se mantengan, vayan desapareciendo o aumenten.

Esto empieza alrededor de los 18 meses y pueden durar hasta los cuatro o cinco años, pero alcanzan su período más activo alrededor de los dos años y es por eso por lo que a esa edad ha sido juzgada como problemática o terribles 2, aunque en realidad es una gran oportunidad de aprendizaje para todos padres e hijos.

En esta etapa el cerebro afectivo responde preguntas como ¿me aman? Esto es una clave para enfrentarlos: cuando el niño se expresa, la manera de calmarlo es a través de conexiones emotivas y asegurarle que es visto, comprendido y amado.

¿Son los berrinches un comportamiento común?

Sin duda los berrinches son un nuevo reto para los papás. Por esto debemos recurrir a algunas herramientas para poder manejar esta etapa con todas las de ganar.  Lo principal es que los berrinches y pataletas son normales, necesarios y que son un momento para ponernos a en nuestra capacidad de mantener la calma y transmitirla en medio de la tormenta.

Hay otros temas como el hecho de que dependiendo de lo que hayas vivido en tu infancia y los recuerdos que tengas, tu respuesta al estrés puede ser fácilmente desatada o que, por el contrario, sea difícil que pierdas la calma.

Algunos consejos de qué hacer cuando te encuentres frente a un berrinche:

Guarda la calma y respira: Recuérdate a ti mismo que puedes manejarlo desde la calma tu eres el adulto.

Conéctate con él:  Ponte literal a la altura de los ojos de tu niño pequeño. Esto le transmite seguridad y es literalmente ponerte a su nivel.

Entiende la situación y dale validez a sus sentimientos para ayudarlo a identificarlos: “Entiendo que estás triste molesto porque te dije que no te iba a comprar otro juguete y es tu forma de expresarte”

Ofrécele afecto y apoyo: “Quieres un abrazo o un beso”, “Siempre estoy aquí para ti”, “Mamá está aquí contigo”. Si el niño quiere distancia pues dásela, dile que estás ahí para cuando esté listo y puedes frotarle la espalda o tomar su mano. El contacto físico es un calmante.

Distráelo y cámbiale el chip: Procura llamar su atención para mostrarle algo gracioso que puedes encontrar y reconectarlo a emociones que lo tranquilicen.

Ofrécele una solución: Si no es el momento de comer un chocolate, le puedes recordar que ayer comió durante la tarde y que puede hacerlo mañana pero no en ese momento.

Una vez que haya pasado lo puedes calmar diciéndole que se puede buscar una solución como equipo. Que es normal sentirse así y que, aunque esté enojado o triste tú lo amas igual y por sobre toda la cosa.

Si tienes alguna canción para calmar que puedan cantar juntos o un juego divertido es también una buena estrategia. Después del berrinche, es muy importante el contacto físico, así que bésalo y abrázalo.

Todos nos desanimamos cuando en esta etapa de berrinche perdemos el control, hay que seguir intentando. Ser padres es también aceptar que a veces nos equivocamos y poder aprender sin juzgarnos. No es tan fácil deshacerse de los patrones aprendidos en la infancia, y nunca es tarde para crecer como padres.

Aprender a manejarlos desde la consciencia plena es la mejor estrategia para poder seguir cultivando el apego seguro y amoroso entre padres e hijos.

 

Editores PP

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